martes, 12 de marzo de 2013

Soy.



Si consideramos que el sobreproteccionismo represorio patriarcal, que sufre la mujer en  nuestros días, no es más que el lastre de siglos y siglos de miradas de odio del hombre. Deberíamos desprendernos de este peso que nos revienta la espalda. 
Romper con la comparación automatizada. Dejar de ser todos contra todos, para solamente ser.
No hay hombre, no hay mujer.
Hay personas, hay mentes y cuerpos, y a cada cual, su particularidad.
Cada persona es un mundo, y cada mundo una realidad.
Una visión de la vida que acompañada de sus pasos, recorren miles de historias.
Cada loco con su locura, y los cuerdos? Pa’ las cuerdas. O no.
No hablo de ese odio desde el desprecio. Hablo de hacer borrón y cuenta nueva. Hablo de humanidad, hablo de compartir un aquí-y-ahora, respirando a pleno pulmón.
Ni orgullosa de ser mujer, ni frustrada por no ser hombre.
Hablo desde la tranquilidad de que ese odio, ya no me afecta.
Soy mujer, soy niña, soy persona,. Soy, y con eso me basta.

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