lunes, 29 de abril de 2013

21 abriles, 21 primaveras, 21 ramas.

Y hasta cuando el cielo se me cae encima, cuando me aplasta el pecho y me asfixia sin piedad, hasta cuando la luna decide darme la espalda y las estrellas se alían contra mí.
Todo fluye, todo va bien.
Porque todas las emociones van de dentro hacía fuera, incluida la rabia.
Para que el árbol crezca, hay que regarlo de vez en cuando, y cada cual establece su frecuencia y su intensidad.
Supongo que he aprendido algo a lo largo de todos estos abriles, y es que llorar no es malo.
De dentro hacía fuera, pero siempre con plena conciencia, no hace falta focalizar para sentir.

Foto: Obra de arte de Angi Recordà Peace Soul, free hand tatuador en el cubículo. Como tarzán, siempre por las ramas, siempre en evolución.


lunes, 22 de abril de 2013

Pequeñita, pero firme.


Más guapa que ninguna, me quedo con ella otra vez, me mata pero a gatas vuelvo a nacer.
Demasiado brillante, demasiado perfecta. La que todos quieren tener, la que todos quieren tocar. Hablando con la cara oculta de la luna, la que no se deja ver, la que no se deja amar.

Pequeñita, pero firme.

La única que promete por cada noche, un nuevo despertar. Despertar del subconsciente, despertar hacía otra realidad, abriendo las ventanas de la mente, cuestionando su verdad.
La que todo ve, la que todo oye, la que nada dice, la que siempre acompaña.

La que te hace parar a respirar.

La luna y sus sonrisas. 

miércoles, 17 de abril de 2013

Conversaciones nocturnas con el subconsciente.


¿Si soy lo que como, y todo lo que como, lo quemo… que soy?

Viendo como el mundo se consumía cual papel en la hoguera.
Quemando toda realidad, arrasando con todo a su paso.
Bolas de fuego, que caían del cielo directas al pecho. El horizonte arrugado creaba un ambiente donde la ceniza hacía morir cualquier brote de color. La ansiedad me abrasaba los poros, hasta el punto que dejó de arder, dejó de doler, el fin del mundo dejó de ser un problema, y acepté lo que tenía que pasar.

¡Eh Lola! ¡Es hora de despertar!

Mi subconsciente dice a gritos… Toca reinventarse.


sábado, 13 de abril de 2013

Mandalas.


"Quisiera ser palmera enfrente del mar, y que mi trabajo fuera estar y no pensar en respirar si quiera." - Kase-o. 

Me gusta saber que sigo mi camino, que todo está en proceso, que todo llega cuando tiene que llegar.

Las personas, como las plantas, crecen gracias a sus raíces y a la tierra que les rodea.
Las ramas se elevan y buscan su hueco en el mundo.
Cuando tus ramas se pierden y no encuentran su lugar, dejas de crecer como árbol para  estancarte en el suelo cual arbusto.

Cuando el vuelo es a ras de suelo, llegas a hacer chocar tu libertad contra la de otros. Todos contra todos.

Que en la vida hay que crecer, con el sol de cada día y las noches en las que se sueña, pero no se olvida. Que la libertad expandida en una sola dimensión, es la que nos oprime el pecho.
Sin remos ni dirección, dejando que el barco siga su rumbo. Que nadie me espera, prefiero ir donde me lleve el viento.

Que si nuestro lado animal se pierde en lo emocional es porque el instinto no se libera y entramos en contradicción con nuestro espíritu aventurero.
Liberar el cuerpo para que la mente abra paso a los sentidos en su plenitud.
Caminos que explorar, infinidad de posibles realidades a las que nos empeñamos en poner cerrojos, candados, cadenas… Nuestra ansia se ve anclada a la dimensión espacio-temporal.

Hay que volar. Dejarse llevar, suena demasiado bien.
Porque que no hay victoria sin luchar, y no existe guerra alguna, más grande que la que se libra en nuestro interior.
Los sentimientos van de dentro hacía fuera, incluido el odio.
Quiero seguir batallando contra mis adentros, quiero ganar y sentirme libre.
Intentar respirar en lugar de que el aire en los pulmones me asfixie.

Solamente necesito comprender, para así entenderme. Pero me asusta perder el control.
No quiero seguir ahogándome en un vaso vacío. No quiero que mis pies se vean atrapados en las marismas de mi cabeza, pudiendo pasear por el verde de la vida.

Necesito reventar los barrotes y huir, para poder fluir, para volver, o no.
Sin rumbo, perdiendo el norte, encontrándome en las veredas. Corriendo por los senderos de los días, utilizando las ramas para subir a lo más alto.
Para poder ver lo que me rodea desde las alturas, con una perspectiva más abierta. Donde el horizonte no sea un límite, donde la imaginación y las emociones se evaporen por cada poro de la piel. Donde el respirar no sea forzado por la supervivencia.
Donde la vida deje de colgarse a peso muerto sobre mi espalda.
El tic tac puede convertirse en el big bang, y todo se torna difuso. Todo se revuelve en el estomago y las horas me marean.
Dejar de sentirme encerrada en esta cárcel mental a punto de explotar.

“War is peace, freedom is slavery, ignorance is a strenght” – G. Orwell.

Quisiera ser, quisiera estar, quisiera sentirme libre. Sin miedos.
Quebrando inseguridades, rompiendo las corazas que se enroscan en mis cuerdas vocales. Quisiera hacer explotar mi cabeza para que se airearan mis ideas. Quisiera olvidar la tensión, olvidar el reloj, olvidarme de mí. Olvidar quien soy, para reinventarme.

Conocerme mejor, para anclar mis raíces y dejar que la elevación de mis ramas siga su curso.

Para que mi yo deje de tener esto nudos en el cuerpo y en la mente, para que todo acabe estando en su sitio y forme su propia combinación, ni mejor ni peor, en su justa medida, en su justo color.


Foto: Mandala pintado por Isabel Bedson.

Porque, al fin y al cabo, si nos tomáramos la vida como un juego, dejando que los colores se colocaran por si solos en nuestro mandala diario, todo sería mucho más sencillo.



sábado, 6 de abril de 2013

Aleph. Vuelvo a ser yo, en equilibrio.


El aleph..
Donde deja de existir el tiempo; y el lugar deja de ser un limite en el espacio.
Donde la mente y el cuerpo aprenden a volar.
Donde el mundo se convierte en tu propio mundo, controlas tu realidad.
Decidiendo con quien compartir cada momento, para hacerlo tuyo y disfrutarlo.
Donde la vida se torna sencilla, simple, sin complicaciones, sin presión.
Donde el objetivo es aliviar las tensiones del cuerpo; y reventar las ideas falseadas de tu mente, creadas a partir del bombardeo de imágenes prefabricadas que nos rodean.
Donde la energía fluye, sin más.

Después de pensar un rato sobre esto, solo necesité unas pocas palabras para darme cuenta que algo se estaba removiendo por dentro.

Todo en su justa medida, todo a su debido tiempo.
Creciendo, pero buscando un casi equilibrio constante, o intentándolo al menos.
Cuando la situación se nos va de las manos, es cuando vemos que la distancia de nuestra cara contra el suelo está a punto de ser nula. Es entonces cuando abrimos los ojos más que nunca para abarcar todas las imágenes posibles en el microsegundo antes de rompernos los dientes.
Como si de un giff de nuestra vida se tratase.
Una imagen tras otra, como una presentación de diapositivas a toda ostia pasando casi a la vez.
Nos damos cuenta de nuestros fallos, de nuestros anhelos, de como estamos llevando nuestros días.
A veces nos sentimos bien con lo que hacemos y como lo hacemos, otras... no tanto.


No dejo de darle vueltas. No dejo de pensar porque mi cabeza se entrecorta y mis sentidos se empeñan en cerrarme puertas, en ponerme límites, en robarme experiencias.
¿Porque no puedo ser capaz de sacar lo que asfixia mis pulmones?
No entiendo porque me empeño en neutralizar mi existencia.
Con lo fácil y sencilla que puede llegar a ser la vida. Sintiendo, sin más.
Cárceles del pensamiento, cárceles de expresión, cárceles de sentimientos. Maldita cárcel de emociones, te odio, odio a tus barrotes, a tus cadenas, a tus anclas, te odio a ti. Odiando me entran ganas de escupirte fuego en la cara, quemarte las pestañas y dejarte marcada mi rabia en forma de sello.

Odio la maldita represión, me odio. Amo lo que no debería, y los deberes básicos me dan mala onda.

Odio no saber pedir ayuda cuando lo necesito. Odio tener que esperar a que la evidencia de mi cara lo pida a gritos y alguien acuda.
Odio dar las gracias. Siento que debería poder, y mi yo no me lo permite. Odio el sentirme vulnerable, odio sentirme desnuda.
Odio pedir perdón. Cuando las circunstancias se retuercen hasta el punto de ser incrontrolables, la vida se te va de las manos y dejas de ser consciente de las vidas ajenas, olvidándote de lo esencial.
Las realidades se me remueven por dentro y hacen que me maree, siempre acabo perdiendo el control.

Me odio por ello, odio hacer lo que me apetece, pero es lo que más me gusta.
Lo que más rabia te de, es a lo que más amor tienes.
Quiero dejar de odiar, pero no puedo, es mi alter ego. Mi lado radical estaba latente, dormido, no apagado.
Mi mitad ha resurgido. Vuelvo a ser yo, en equilibrio.



La vida es subir y bajar, correr y parar a respirar, asfixiarnos y tomar impulso.
Todo depende del momento y las circunstancias. O no. Todo depende de como nuestros sentidos asimilen la realidad.

Bocanadas de aire para los pulmones.
Necesitamos meter nuestros pies en el barro y lavarlos en el río de la vida
para limpiar nuestras cabezas.

Cascadas que arrancan lo de más adentro. Cascadas que purifican.
Ser, estar, sentir, aterrizar... solo para coger fuerza y salir volando de nuevo.

Buscando el equilibrio.