lunes, 29 de abril de 2013

21 abriles, 21 primaveras, 21 ramas.

Y hasta cuando el cielo se me cae encima, cuando me aplasta el pecho y me asfixia sin piedad, hasta cuando la luna decide darme la espalda y las estrellas se alían contra mí.
Todo fluye, todo va bien.
Porque todas las emociones van de dentro hacía fuera, incluida la rabia.
Para que el árbol crezca, hay que regarlo de vez en cuando, y cada cual establece su frecuencia y su intensidad.
Supongo que he aprendido algo a lo largo de todos estos abriles, y es que llorar no es malo.
De dentro hacía fuera, pero siempre con plena conciencia, no hace falta focalizar para sentir.

Foto: Obra de arte de Angi Recordà Peace Soul, free hand tatuador en el cubículo. Como tarzán, siempre por las ramas, siempre en evolución.


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