miércoles, 20 de marzo de 2013

Aprendiendo de la historia.

Para conocer la seguridad, tienes que haber vivido en la inseguridad, o aprender de la historia.

Cuando cruzamos un paso de peatones por la calle. Cuando pasamos por un detector de metales en el aeropuerto. Cuando nos ponemos el cinturón en el coche. Cuando nos ponemos el casco de la moto.
Cuando el carnicero se pone los guantes anti corte. Cuando saltan los plomos de tu casa. Cuando el escalador se pone el arnés. Cuando un producto lleva la fecha de caducidad impresa. O cuando tu madre te dice "ten cuidado".

Todo se debe a la prevención y la seguridad.

Los avances que se han ido haciendo durante toda la historia del hombre y la mejora de la calidad de vida y del trabajo, se debe al análisis de los sucesos.
Qué ha pasado? Porqué ha pasado? Se podría haber evitado? Que hicieron para gestionarlo? Podrían haber hecho algo mejor?
Eso fue lo que nos enseñó Agustí Vehí, gran policía, gran escritor, gran maestro y mejor persona.
Solo tenía 18 años cuando tuve la suerte de conocer a este hombre. Supo abrirme los ojos en muchos sentidos, me echaba bronca por hablar en clase, pero sabía controlar nuestra revolución hormonal, haciéndose respetar. Nos enseñó a investigar los sucesos, su origen y consecuencias, y a ver la gestión de la seguridad desde todos y cada uno de sus rincones.
Hoy el mundo ha sufrido una gran perdida.
Gracias por enseñarme a ver la prevención y la seguridad desde otro ángulo. Gracias por enseñarme tanto en tan poco tiempo. Y gracias por tus míticas frases de prevención en la vida diaria universitaria: "Teniu cura amb el cotxe, que avuí es dijous i se que us anireu de festa".

La birra de hoy va en tu honor, maestro!



lunes, 18 de marzo de 2013

Que me quiten lo bailao’.


Acabado el día. Cuando el camino de vuelta a casa no se torna un obstáculo para el respiro a pleno pulmón. Cuando disfrutas, tanto del inicio como del final de la jornada.
Cuando eres capaz de pasear hasta tu rincón sonriendo en el trayecto. Te sientes vivo, recargado, enérgico, con ganas de comerte el mundo a bocados, eso sí, después de un descanso para el cuerpo.
Amor y odio para el equilibrio.
Meterse en un pogo es algo más que dar de ostias para vomitar lo que la vida hace contigo.
Bailar en un pogo tiene su encanto.
Es ver como una masa de personas intenta mantener el equilibrio mientras cada uno baila como le apetece.
Hacer lo que te pida el cuerpo, con quien se cruce en tu camino.
Esquivando cuerpos; o no. Chocando, levantando, cayendo, saltando, volando, riendo, corriendo, abrazando, dejándote llevar…
Cuando estás odiando a alguien por el golpe que te acaba de dar y se lo devuelves con una sonrisa en la cara; o lo levantas justo después de mandarlo al suelo; o acabáis cogidxs para intentar mantener el equilibrio juntxs… 

Estás odiando con amor.

La vida es como un pogo. A veces vuelas, otras, son las mismas circunstancias las que te estampan contra el suelo.

Cuando las agujas del reloj puedan contigo, desconecta. Haz un reset en tu cabeza.



martes, 12 de marzo de 2013

Soy.



Si consideramos que el sobreproteccionismo represorio patriarcal, que sufre la mujer en  nuestros días, no es más que el lastre de siglos y siglos de miradas de odio del hombre. Deberíamos desprendernos de este peso que nos revienta la espalda. 
Romper con la comparación automatizada. Dejar de ser todos contra todos, para solamente ser.
No hay hombre, no hay mujer.
Hay personas, hay mentes y cuerpos, y a cada cual, su particularidad.
Cada persona es un mundo, y cada mundo una realidad.
Una visión de la vida que acompañada de sus pasos, recorren miles de historias.
Cada loco con su locura, y los cuerdos? Pa’ las cuerdas. O no.
No hablo de ese odio desde el desprecio. Hablo de hacer borrón y cuenta nueva. Hablo de humanidad, hablo de compartir un aquí-y-ahora, respirando a pleno pulmón.
Ni orgullosa de ser mujer, ni frustrada por no ser hombre.
Hablo desde la tranquilidad de que ese odio, ya no me afecta.
Soy mujer, soy niña, soy persona,. Soy, y con eso me basta.

viernes, 8 de marzo de 2013

Me gusta estar en las nubes..

Si la vida es una orgía, yo voy de paja mental.

Cuando le coges el gustazo a follar mentes, acabas disfrutando de cualquier momento del día.
Llegar a la cama con la sensación de haber agrandado tu cárcel de limitaciones y notar como los barrotes cada vez están más lejos. Mientras... respiras tranquila.

Cada día, un poco más. Cada noche, un barrote menos.

La sensación de tirarte en cualquier parte solo para mirar al cielo. Cuando te absorbe la atención, tu imaginación ya no te pertenece, tiene vida propia. En ese momento no existe el tiempo, ni el espacio, el único referente de realidad, está muy muy lejos. Tus pies ya no tocan el suelo, tu mente está dejándose llevar por algo más que los sentidos.

Estás soñando despierto.

Me gusta estar en las nubes, y me gusta compartirlo. Follando mentes, dejando volar la imaginación.

Foto: Júlia Bullich.


lunes, 4 de marzo de 2013

Ayer soñé que era un pájaro libre.


Toda crítica emitida sin reflexión previa, no es más que un juicio sin sentido.
Cuando vemos el mundo desde una sola perspectiva, la nuestra, todo lo que nos rodea se convierte en objeto de juicio y con ello, nuestra percepción se distorsiona, sentimos desconfianza hacía lo desconocido. Nos vemos perdidos en la sociedad del riesgo, la sociedad del miedo.
Juzgamos a los demás, porque no nos vemos a nosotros mismos.

Ayer soñé, soñé que volaba. Bajo mis pies había una inmensa plaza, llena hasta los topes de gente. Una situación que de haberla vivido, habría hecho aflorar mi claustrofobia, porque… admitámoslo, todos tenemos una.
Volaba y veía grupos de personas, cada cual sentado en su círculo, cada uno en su burbuja, con su gente, pero compartiendo el espacio. Algunos vagabundeaban de uno a otro.
Había círculos que se entrecruzaban, otros se aislaban. Como las estrellas, formando su propia constelación. Universos paralelos que se entrelazaban.
Tenía esa imagen ante mí, la observaba desde la distancia, ajena a todo, pero presente.
Terminé por aterrizar en aquél espacio.
Estaba sola, pero me sentía acompañada, no tenía miedo de nada ni de nadie. No había nada en el ambiente que pudiese alterar mis sentidos. Vagabundeaba y observaba.

Me sentía bien, me sentía en paz.

Cuando te alejas del barullo, y consigues ver la vida desde otra perspectiva, el “todo” se convierte en la cosa más sencilla del mundo. Y se disfruta.

Para volar, solo hace falta romper con aquello que te ata. Rompiendo con tus limitaciones mentales y físicas, rompiendo con tus miedos, consigues ser libre y ver la vida de otra manera. Quizás para sentirte mejor contigo mismo y con los que te rodean. O no, quizás solamente para sentir, sin más.